| Villaguay, miércoles 18 de enero de 2012 |
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EMIGRADOS ///
Marcela Villa, del barrio Don Juan a la docta
Marcela se fue a Córdoba “por esas cosas de la vida”. No hace mucho. En 2005, y desde que se radicó en la capital de la provincia mediterránea dice que Villaguay sigue presente en su corazón. “Pueden pasar años y muchos kilómetros, pero uno sigue atado a esa ciudad”, asegura.
Marcela era parte de una familia bastante numerosa. Su papá era camionero de Bernardo Canievsky y fue entonces la madre la que, “con mucho amor y dedicación”, crió prácticamente sola a sus hijos.
“Papá se pasó treinta años arriba del camión, y por su trabajo estaba poco en casa. Ahora ya se jubiló y atiende la despensa Doña Elsa, en Alberti al 1100”, contó Marcela.
Mucho antes de eso, se pasó la infancia entre las calles del barrio Don Juan y las aulas de la escuela Sarmiento.
“Tengo hermosos recuerdos de mi seño Biyico y de mi catequista Sarita Baima. Son personas que me marcaron a fuego. Agradezco a Dios que las haya puesto en mi camino”.
De la infancia Marcela también recuerda las tardes de lluvia. “Nos escapábamos de casa a la siesta, cuando mi mamá dormía con mi hermano Carlitos y nos poníamos a jugar con barro. Todos los chicos del barrio éramos amigos. Eran otros tiempos”.
Cuando terminó la primaria, Marcela se calzó el vestido azul, la polera blanca y el guardapolvos impecable que exigían en la Escuela Técnica. “Si ibas vestido en forma inadecuada te mandaban de vuelta a casa. Pero era una tortura ese uniforme. Te asabas. Y para los actos, los varones tenían que ponerse pantalón gris, camisa celeste, corbata y mocasines negros con medias de nylon azules. ¡Cómo sufrían!”.
Finalmente, Marcela armó una familia, tuvo cuatro hijos y la secundaria quedó inconclusa. Pero sólo por un tiempo: años más tarde se anotó en la Escuela 147, que funcionaba en el edificio de la Mitre por las noches, y allí consiguió su título de nivel medio.
Ahora, con una nueva pareja en Córdoba, Marcela no se resigna a que le falten pergaminos. Por eso se anotó hace un tiempo atrás en una licenciatura en Recursos Humanos. “No quiero morirme sin tener un título. Recién estoy en segundo año. Falta mucho todavía. Pero hay que perseverar”, confía. |