ENTRE COLUMNAS
Un grand prix especial
Por Marcelo O´Connor.-
marceloconnor(arroba)yahoo.com.ar
Por azar estuve en Santa Fe durante la semana en que Carlos Reutemann se salió de pista. Esa circunstancia me permitió asesorarme con expertos, a favor y en contra, que son especialistas en adivinar las oscuras y recónditas aspiraciones de un hombre que no acostumbra a comunicarse con locuacidad. Su estilo es no hablar o hablar poco. Pero no es Yrigoyen que no gustaba hacerlo en público, pero sí cara a cara. Este, en cambio, no tiene mística ni se le conocen principios. Se sospecha que no hay mensajes, porque simplemente no tiene nada para decir.
En su momento, fue un invento de Menem, al igual que Palito Ortega, que dio aire al peronismo santafecino, una venal “cooperativa” de políticos impresentables. Cosechó simpatías en la poderosa clase media de esa provincia, que lo reconoció como uno de ellos. Para cumplir bien ese papel no necesitaba de ninguna idea fuerza, porque su clase tampoco las tiene claras.
Ya una vez había arrugado frente al salto hacia la presidencia. Cauto, siempre prefirió cuidar la máquina. No se mató, pero tampoco fue campeón.
Otra vez, Duhalde, ese frustrado “Scaramouche, creador de reyes”, pensó en él como el candidato ideal para el cambio hacia la derecha que se avecina. El peronismo disidente estaba rendido a sus pies, Macri a punto de resignar su candidatura, Sola conformado en ser su segundón, Cobos sabiéndose derrotado y hasta el kirchnerismo mirándolo como el mal menor.
Es en ese preciso momento en que, como jugando al Gran Bonete, se le ocurrió devolver la pelota y decir que “Duhalde sería un buen candidato”. El desconcierto fue general. ¿Estábamos frente a una sutilísima jugada de un fino político renacentista o, simplemente, ante un tonto irredento? Sesudos analistas reutemanistas me explicaron que era una hábil maniobra para aglutinar tras él a la totalidad del peronismo, porque no quería ser el postulante de sólo una fracción. Cuando la senadora Latorre, por él fogoneada durante veinte años, firma lo que no tenía que firmar, casi me convencen.
Pero la curva era muy cerrada. Y se fue al carajo. No sé si la actitud de la Roxana fue concertada y Carlos se asustó por una reacción no calculada o hubo venalidad o ingenuidad. En el afán de desprenderse, habló como nunca y lo hizo con una procacidad desusada y desorbitada. Hasta propició, al estilo De Angeli, un “escrache” al domicilio de la senadora, cosa que se hizo.
El efecto fue devastador. Chiche Duhalde dijo que había que olvidarlo y todos tomaron distancia. Muchos respiraron aliviados: un rival menos.
Otro amigo me explicaba que Reutemann era como Mr. Chance, el personaje de la novela “Desde el jardín” de Jerzy Kosinski, que en cine interpretara Peter Sellers. Siempre fue una nulidad y lo poco que decía eran banalidades. Y Roxana Latorre, su eterna ladera, era su intérprete y traductora de su pensamiento vivo. Si el Lole decía que “este año las begonias florecen bien en Llambi Campbell”, Roxana se apresuraba a agregar que con ello quería significar que la producción agrícola era esencial para la economía del país.
Hemos tenido Presidentes muy talentosos y muy mediocres. Muy democráticos y muy autoritarios. Buenos, regulares y malos. Los dubitativos y tímidos, si llegan, son un desastre. Es que la única cualidad que no debe faltar es la audacia. El Lole reúne lo peor de algunos antecesores: tiene la formación cultural de Menem, la tendencia a la renuncia fácil de “Chacho” Alvarez y la zoncera abismal de De la Rúa. Y como sello propio, nada de audacia.
Extraño para un hombre acostumbrado a correr a grandes velocidades, pero también en las actividades de alto riesgo hay tímidos. Por algo nunca llegó a la cúpula. Dijo que la presidencia se la metan donde la educación que me dio mi mamá me impide decirlo, pero lo peor es que así lo harán. Y el próximo que la reciba la encontrará impregnada de lo que habitualmente hay en ese íntimo y oscuro lugar…
Marcelo O´Connor.-
marcelooconnor@yahoo.com.ar
VOLVER